Actualmente no
basta solamente con una importante inyección de capital o de dinero para garantizar
el éxito de un nuevo emprendimiento o producto. El mecanismo tradicional de
negocio consistía en invertir un capital, crear un producto y venderlo a un
cliente, era algo meramente transaccional. Este escenario ha cambiado
notablemente, principalmente porque el cliente ha cambiado su forma de pensar.
Ya no compra simplemente un producto que se le ofrece, compra un producto con
un valor agregado, y que contribuya a su bienestar. Las empresas se deben
preocupar por ofrecer productos que ofrezcan ese valor agregado.
La enorme
cantidad de información disponible actualmente acerca de casi cualquier sector,
hace que las personas vayan ajustando sus gustos, hábitos y preferencias,
porque son conscientes del producto que adquieren, y que con su compra
contribuyen económicamente a una determinada filosofía empresarial. Podríamos
decir que cada vez con mayor frecuencia el cliente realiza “compras ecológicas”
por llamarlo de alguna manera. Al tener acceso a información como nunca antes,
el cliente es capaz de investigar, explorar y analizar los productos que se le
ofrece, su origen, su filosofía empresarial, proceso productivo,
responsabilidad social de la empresa, etc. Ya no se busca solamente satisfacer
una necesidad, sino que esa necesidad sea satisfecha sin daños al medio
ambiente.
La tendencia es
esa, el consumidor es cada vez más consciente de los productos que compra, y a
que estilo empresarial están contribuyendo económicamente con su compra.
Para mantener y
aumentar nuestra cartera de clientes es primordial que la empresa de hoy,
también adquiera cada vez más, esa conciencia.
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